
Los hombres y mujeres que integramos la plataforma “Salvemos al cine Víctor”, consideramos este edificio como la quinta esencia del arte cinematográfico en nuestra isla y también como una pieza imprescindible de nuestros corazones. Que nadie piense que este fatídico día nos amilana. Que nadie crea que la causa está perdida. La fuerza de nuestra indignación nos mantiene y a partir de este instante pedimos su reapertura. En el 2009 daremos uso a nuestros cerebros y a nuestras armas para inventar estrategias promover acciones y aglutinar gritos de apoyo.


Los políticos que se empecinan en cerrar el Víctor, ante la oposición masiva de la cinefilia santacrucera cercenan su credibilidad al presentar el TEA como su sustituto y adalid del cine independiente y de autor mientras hieren de muerte al Cine Víctor. No entienden que la presencia activa del mismo es imprescindible como museo y templo oscuro (remito al lector al brillante compendio de erudición y apología del edificio que ofrece el libro del profesor Alvaro Ruiz “El templo oscuro: arquitectura de cine en Canarias”). Por esta razón la plataforma Salvemos el Cine Víctor propone y exige la única solución posible: que la sala sea recogida con la categoría BIC (Bien de Interés Cultural), con ulteriores y múltiples cometidos, desde albergar la Sede de la Filmoteca Canaria, hogar del aula del cine de la Universidad de La Laguna o recinto permanente de múltiples actividades relacionadas con la cultura.


El argumento de que el Cine Víctor no es rentable es burdo. El Víctor tiene que existir per se, como existe el Cine Doré en Madrid o el Rex Cinema en París. Otros edificios que como el Víctor pulverizan cualquier oscuro pragmatismo mercantilista. ¿Eliminarían ustedes de las bibliotecas libros como “El hombre sin atributos” de Robert Musil o “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust porque se leen poco y tampoco resultan rentables? Estos como el Víctor están en el canon de la alta cultura y no se pueden tasar.
